“Padres, no hagan enojar a sus hijos, sino, mas bien críenlos con disciplina e instrúyanlos en el amor del Señor” Efesios 6.4

Estimados Padres siervos del Dios Altisimo! ¡Qué gran responsabilidad tenemos con los hijos que el bondadoso Dios nos ha regalado!
No solamente está la responsabilidad de proveerles de ropa, comida, educación a los hijos e hijas. Sino que como padres cristianos sabemos que tenemos que cuidar especialmente de la educación espiritual de los niños desde la más tierna edad. Es lo que Dios, nos déjà establecido en su palabra en Proverbios 22.6: “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él..”
Pero que difícil se vuelven esta responsabilidad, en muchos casos, especialmente cuando los adultos, padres que deben de dar el ejemplo y muchas veces no queremos someternos a Dios, ni a sus mandatos, reflejamos esta conducta espiritual disfuncional en nuestros hijos, o mas bien se refleja en la conducta o educación spiritual de nuestros hijos.
Y aun mas inminente, que los “padres” no se dan cuenta de la conducta de los hijos o del mal enfoque de los hijos, siempre es quien nos rodea quienes se fijan en dicha “actitud”. Y peor aun cuando no aceptan dichas críticas “constructivas” y lo catalogan ofensas, o en la mayoría de los casos, sí se dan cuenta pero lo ignoran y lo pasan por alto, pues el darle la atención correspondiente, conlleva a que tambíen como padres debemos corregir lo que no estamos ejecutando, o nuestras faltas delante de Dios. Eso es utilizar un escudo, pero la verdad es que a Dios no se puede engañar.
Dios espera de los padres que eduquen (secular y espiritualmente) a sus hijos a través del ejemplo de piedad en su manera de hablar y vivir. El Señor pide a los padres de todos los tiempos en Deuteronomio 6.6-7: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 6:7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. 6:8 Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; 6:9 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas..”
Lamentablemente esto muchas veces no se cumple, decimos somos cristianos y queremos inculcarle a nuestros hijos dicha conducta, pero con nuestros actos, nuestro hablar les educamos en lo contrario.
Cuando acontece una situación en lo secular, que por lo general los niños tienen conflictos con otros niños, hay es el momento de pedirles a nuestros niños el poner en práctica los mandatos que les hemos enseñado…si hay alguno, poner en práctica la bondad, el amor hacía el projimo..como Dios nos manda, no extender el problema, no tener mala actitud, ni enfrentamientos, o mas aun “si te pega, le pegas o me avisas que yo me encargo”, con actitud de pelea…así no estamos ejerciendo lo que Dios nos manda, y lo que estamos es mostrando una actitud ambigua, de “hoy soy cristiano pero si me hacen algo actúo” esto es andar en dos aguas y eso los niños lo persiven y lo registran como enseñanza. Este es sólo un ejemplo, pero hay muchos mas.

Dios desea que los padres eduquen con paciencia, firmeza y perseverancia. No pueden, los padres cristianos, a pesar de las muchas dificultades de la vida, por las cosas que suceden en lo cotidiano, o porque las personas que nos rodean ya no toman en cuenta lo que Dios dice; ser negligentes con el llamado y la tarea de educar a sus hijos e hijas. La disciplina es la expresión del amor de los padres hacía sus hijos, que es ejercida primeramente a través del diálogo, según Proverbios 31.26:“ Abre su boca con sabiduría, Y la ley de clemencia está en su lengua” A pesar de ello el diálogo necesita a veces ser complementado con la corrección, con la imposición de límites. La Biblia dice en Proverbios 13.24 “el que ama su hijo lo corrige”, y también afirma que el hijo “consentido avergüenza a su madre (y a su padre también)” Proverbios 29.15.
El corregir justo, firme y afable ayuda a los niños a entender las cosas y les inculca sabiduría. Tener una actitud de firmeza y seguridad con los hijos no hará que los padres pierdan el respeto, amor y cariño de sus hijos. En verdad estos sentimientos se fortalecerán y perfeccionarán, haciendo más sólida la relación entre padre e hijos. Tarde o temprano el reconocimiento de los hijos llegará y con esto la gratitud eterna. Pero en nombre del respeto, no se puede dar lugar a la violencia gratuita en la educación de los hijos. Dios exhorta a los padres a que no lo hagan o que dejen de hacerlo según Colosenses 3.21 “Padres, no hagan enojar a vuestros hijos, para que no se desanimen.” El propósito de la disciplina es ayudar a los niños para que alcancen madurez, y no para que se enfurezcan (Efesios 6.4).
Sabemos que es una gran responsabilidad y los niños siempre reflejan lo que aprenden , miran y escuchan de sus padres. Cuando algo no anda bien deacuerdo a lo que Dios nos ordena, nosotros como padres quedamos en verguenza, ya que ocurren situaciones o mas bien Dios permite situaciones, donde los niños actuan y muestran o hablan lo que de sus padres han percibido o aprendido.
Esto ocurre o es permitido por Dios, despues de haber amonestado una y otra vez, es muy cierto, por medio de la prédica, o que alguna persona se acerque y le haga la observation de lo incorrect en el proceder de su niño o niña, que de ser padres sabios se toma la actitud correcta de reivindicar o reeducar a nuestros hijas, pero si seguimos siendo irresponsables no tomamos cartas en el asunto.
Una manera muy común es tomar la irresponsible actitud de “hay el/ella es así”, “nunca había hecho eso, es la primera vez”, “no se por que lo hizo” etc., etc.. pero no nos damos cuenta que estaremos criando o educando cristianos mediocres, hipócritas, y posiblemente dirijidos a la perdición, por lo cual Dios nos pedirá cuentas de la educación de nuestros hijos, de como lo ejercemos, y las consecuencias de esta.
Eso duele pero es una realidad! Esto me recuerda que debo aconsejarles a que, como queridos y dedicados padres, busquen la orientación del Espíritu Santo de Dios para que los ayude a tener el equilibrio en el educar/disciplinar a sus amados hijos. Por el Espíritu de Dios les dará sus dones que son: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad, y dominio propio (Gálatas 5.22). Lo que son imprescindibles en su actuar como buenos padres cristianos.
Que ustedes y sus hijos, a quienes enseñarán a conocer y amar al Señor y Salvador Jesús, Dios mediante, puedan estar siempre muy unidos en esta vida y por toda la Eternidad. Que Dios los bendiga en este día y siempre. Amén.
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